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En
1803 se hallaronen el monasterio alemán de Benediktbeuren manuscritos
antiguos: anotaciones de cantos de amor que solían entonar los escolares
vagantes en los sigllos XII y XIII. Están escritos en una mezcla
de idiomas, partes en alemán medieval y otras en latín popular.
Orff seleccionó dos docenas de ellos juntándolos por la idea
fundamental de la "gran rueda de la fortuna, emperatriz del mundo" que
gira sin cesar; eligió por nombre la palabra latina para canciones
-"carmina"- en combinación con la denominación latinizada
del convento -"burana"- (Beuren). La obra es una apoteosis del amor y de
la juventud; sus textos no se destacan precisamente por inofensivos. Contienen
a la usanza de la época y de los "goliardos" de disipada y errante
vida -imágenes delicadas al lado de otras, obscenas, cantos de seducción,
himnos a los placeres carnales, pero también alusiones a las curiosas
costumbres que tenían incluso los clérigos de aquellos lejanos
siglos medievales.
El comienzo es un poderoso himno a la diosa Fortuna, "emperatriz del mundo".
Hay alusiones a la música medieval -mediante frases que se asemejan
al canto gregoriano o llano-, pero inmediatamente suenan acordes soñadores,
más ubicados en Oriente, o en sus evocacioness por el Impresionismo.
Tras el canto a la fortuna comienza la parte de "la primavera", una descripción
muy gráfica del amor. Un tierno coro ensalza los encantos de la
bella época; el sol hace olvidar las penurias y soledades invernales.
Un motivo de campanas vuelve siempre, el júbilo escribe aquí
una página inolvidable. Niñas y varones se abandonan a la
danza cada vez más frenética y orgiástica. Estamos
"Uf dem Anger": en la pradeira. Los versos latinos de las partes anteriores
ceden aquí al tosco lenguaje alemán de siglos medievales.
Una ronda de las doncellas y una canción irónica de los muchachos
suenan al mismo tiempo.
"In taberna" -en la taberna- se titula el fragmento siguiente. El bebedor
está solo y canta una canción de lamentación, de autocompasión.
Llegan los compinches y traen un cisne asado que se queja amargamente de
su destino -voz de tenor en falsete-. Un de los comensales imita parodísticamente
un responso religioso creyéndose el "Abad de Cucania", país
de fantasía en el cual se situaba -en la Edad Media- el paraíso
material: comidas, praceres...
"La corte del amor" se titula la sección siguiente. Es la parte
más lírica de la obra. Dos flautas susurran una hermosa melodía,
cantan pajes delante de su ama, y ésta misma eleva la voz en una
canción mística. Sigue una melodía de la soprano,
envuelta en nostálgicas armonías exóticas, de una
languidez quizá oriental, quizá de mundos fantásticos.
Las voces masculinas entonan una melodía intecionadamente vulgar;
ensalzan las delicias corporales del amor sensual. Un gran doble coro alza
su poderosa voz. Solistas y coro invitan a renovar la danza, la alegría,
ols juegos orgiásticos. En una notable melodía -la más
hermosa y noble de la obra- la doncella se entrega al amado "Dulcissime".
Surge un himno a la belleza ¡ Ave Formosissima ! (a Banziflor y a
Helena, los dos ideales de belleza que adoraron respectivamente el mundo
medieval y el antiguo). La diosa Fortuna cierra la obra ha girado
una vez la rueda del destino, nada más...
K. PAHLEN |